
MADRID — Terelu Campos ha hecho pública una de las decisiones más significativas de su vida: dejar el tratamiento contra el cáncer de mama tras trece años de lucha constante. Lo anunció durante un evento organizado por la Asociación Española contra el Cáncer y Ausonia, acompañada por su hija Alejandra Rubio, en un gesto que mezcla alivio, vulnerabilidad y compromiso social.
“Llevo ocho meses sin el tratamiento después de trece años. Es una sensación un poco rara porque al principio te da miedo”, confesó la colaboradora de Supervivientes All Stars, visiblemente emocionada.
La hija de María Teresa Campos, que ha enfrentado la enfermedad en dos ocasiones, explicó que aunque ya no padece cáncer, sigue considerándose “paciente oncológica”. Su decisión de abandonar la medicación fue pactada con su oncólogo, con la condición de poder retomarla si sentía inquietud. “Abría el ojo y me tomaba la pastilla. He conseguido olvidarla”, relató, dejando entrever el peso psicológico de una rutina marcada por el miedo.
Terelu aprovechó el encuentro para romper el silencio que aún rodea al cáncer de mama y subrayar que “más del 80% de los casos son curables”. Para ella, lo más transformador de la enfermedad ha sido el despertar de una nueva solidaridad: “Te cambia la concepción de la empatía y te obliga a comprender el dolor ajeno”.
Consciente de su influencia mediática, Terelu se comprometió públicamente a acompañar a otras mujeres que atraviesan el mismo proceso. “Mis amigas con cáncer saben que las puedo acompañar y que las comprendo”, dijo, añadiendo con humor y autocrítica: “Yo en eso de cuidarme no soy buen ejemplo, a ver si ahora me meto un poquito más en vereda”.
Su testimonio ha generado una ola de apoyo y reflexión en redes sociales, donde muchos celebran su valentía y sinceridad. Otros, sin embargo, cuestionan si abandonar el tratamiento es prudente, abriendo un nuevo debate sobre el miedo, la libertad y la salud emocional en los procesos oncológicos.