
La tragedia no da tregua a Sonia Monroy. Tras regresar de Honduras y despedirse de su hermana Mariángeles, fallecida por un cáncer terminal, la actriz y cantante ha hecho pública una confesión que hasta ahora había mantenido en la intimidad: la muerte de su hija. Un episodio que ocurrió hace décadas, pero que ha vuelto a la superficie en medio de uno de los momentos más desgarradores de su vida.
“¿Por qué me mandas tanto dolor? ¿Por qué?”, se pregunta Sonia en sus redes sociales, donde ha compartido imágenes del tanatorio de su hermana y reflexiones que han conmovido a sus seguidores. En ese mismo espacio, ha recordado a los “Perfectos Monroig”, su padre y su hijo, ambos fallecidos. “Jamás pensé que una lágrima dudaría tanto… hasta que vi morir a mi hijo”, escribió, revelando una herida que nunca cerró.
La historia, apenas conocida por el gran público, se remonta a los años noventa, cuando Monroy mantenía una relación con el futbolista brasileño Romario. En 1995, confirmó a la revista Pronto que estaba embarazada del jugador. A los cinco meses de gestación, sufrió un aborto espontáneo. Años después, en 2022, volvió a hablar del tema en un vídeo donde confesó que ya no podría tener hijos biológicos tras una operación que le extirpó el útero.
La pérdida de su hija se suma a una cadena de duelos que han marcado su vida: la muerte de sus padres, Perfecto Monroig y Virtudes Casals; la de sus hermanos Peter y Frank en accidentes de tráfico; y ahora, la de Mariángeles, madre de tres hijas. “Yo jamás pensé que vería volar a una hija, ambos padres y tres hermanos”, ha escrito, dejando al descubierto una biografía marcada por el dolor, la resiliencia y una pregunta que sigue sin respuesta.
Sonia Monroy no solo ha compartido su duelo, ha abierto una puerta a la memoria, al tabú, y a la necesidad de hablar del sufrimiento sin filtros. En medio del espectáculo, la fama y los focos, ha decidido mostrar su verdad más cruda. Y esa verdad, hoy, duele.
