
La finalista Miri Pérez Cabrero conmociona al plató al revelar cómo la homosexualidad de su padre marcó su infancia en un entorno católico. Su testimonio, entre lágrimas y valentía, reabre el debate sobre los silencios familiares, la homofobia estructural y la infancia como campo de batalla emocional.
En una de las confesiones más crudas y valientes que se recuerdan en la historia de Supervivientes, Miri Pérez Cabrero —ya finalista de la edición All Stars 2025— ha roto el silencio sobre un episodio que marcó su niñez: el descubrimiento de la orientación sexual de su padre tras el divorcio de sus padres cuando ella tenía apenas ocho años.
“Yo no lo entendía. Me lo contaron mis amigas en el colegio, no mis padres”, confesó Miri durante el icónico “puente de las emociones”, dejando al plató sin aliento. “Hace 20 años la homosexualidad no era lo que es ahora. Íbamos a un colegio católico, mi familia es católica… y yo no sabía cómo procesarlo”.
La concursante relató cómo el estigma social y la falta de herramientas emocionales la llevaron a rechazar a su padre durante años. “Le rechazamos. Él luchó contra viento y marea, incluso frente a mis abuelos que no lo entendían. Y aun así, nos dio amor y valores”.
El testimonio, aplaudido por Sandra Barneda y por el público, ha sido calificado por muchos como un “acto de reparación pública” y un “golpe a la hipocresía social que aún persiste en muchas familias”.
¿Reality o catarsis colectiva?
Más allá del espectáculo, las palabras de Miri han abierto un debate incómodo pero necesario: ¿cuántas infancias han sido silenciadas por el miedo al qué dirán? ¿Cuántos padres han tenido que elegir entre su verdad y el amor de sus hijos?
“Papá es un valiente. Salió del armario con una mujer y dos hijas. Y lo admiro profundamente”, sentenció Miri, visiblemente emocionada.
En una televisión que muchas veces premia el morbo, Miri ha elegido la verdad. Y con ella, ha removido conciencias.