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Tentadores VIP dinamitan la ceremonia de collares: celos, confesiones y una amenaza velada de infidelidad

Lo que prometía ser una ceremonia más en La isla de las tentaciones se convirtió en un terremoto emocional con nombre propio: Érika Portillo, Gerard Arias y Albert Barranco. Los tres tentadores VIP irrumpieron en la entrega de collares con una misión clara: desestabilizar, provocar y, sobre todo, poner a prueba vínculos que ya venían tambaleándose.

Sandra Barneda lo advirtió con una sonrisa enigmática: “No habéis visto todas sus cartas”. Y vaya si no.

La llegada de los nuevos solteros paralizó el ambiente. Bastaron unos cuantos piropos y miradas cruzadas para que el silencio se apoderara del set. Claudia, Helena y Sandra no disimularon su interés. Sus parejas, en cambio, intentaron mantener la compostura… con poco éxito.

Gerard no tardó en elegir a Claudia, desatando una reacción inmediata de Gilbert, que intentó disfrazar su incomodidad con un discurso de falsa seguridad. Barranco, fiel a su apodo de “el mosquito catalán”, clavó su aguijón en Helena, mientras Rodri tragaba saliva y fingía tranquilidad. Érika, por su parte, apuntó directo a Juanpi, despertando los celos de Sandra, que no dudó en lanzar una advertencia envenenada: “Cuidadito con la boca”.

La entrega de collares fue una radiografía emocional en tiempo real. Claudia se quebró al recibir el suyo. Helena acumuló tantos que Rodri no pudo evitar tambalearse. Almudena, en cambio, se fue con las manos vacías, aunque Darío se apresuró a blindar su relación con una frase que sonó más a reto que a romanticismo: “A ver qué soltero tiene huevos a romper una relación de 11 años”.

Las solteras también jugaron sus cartas. Juanpi, Darío, Rodri, Lorenzo y Gilbert recibieron collares, pero fue Claudia quien dejó claro que la tentación ya no es una amenaza: es una realidad. “Intento mantenerme tranquila, porque como explote…”, dijo entre lágrimas.

La llegada de los VIP no solo ha reconfigurado las dinámicas del grupo. Ha dejado claro que en esta edición, el juego no es solo de seducción, sino de resistencia emocional. Y por lo visto, algunos ya están al borde del colapso.

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