
Fabiola Martínez rompe el silencio sobre la crudeza de vivir con epilepsia: “Salgo corriendo esté donde esté”
Madrid — En una aparición cargada de emociones y verdades incómodas, Fabiola Martínez reapareció este lunes en el plató de El Tiempo Justo, el programa de Telecinco conducido por Joaquín Prat. La exesposa de Bertín Osborne no solo abordó su presente profesional y familiar, sino que lanzó una denuncia pública sobre la invisibilidad de la epilepsia y el abandono que sufren miles de familias en España.
“Es terrible”, confesó Fabiola al hablar de las crisis epilépticas que sufre su hijo Kike, de 18 años, quien además padece parálisis cerebral. La empresaria relató cómo su día a día está marcado por llamadas del colegio alertando sobre nuevas crisis, por carreras urgentes desde cualquier punto de la ciudad, y por una rutina que, aunque normalizada en su hogar, sigue siendo ignorada por gran parte de la sociedad. “La gente no es consciente, ven la discapacidad cuando es física, pero la epilepsia es terrible”, sentenció.
La escena que compartió fue tan cotidiana como desgarradora: mientras hablaba por teléfono con la directora del programa, su madre la interrumpió a gritos. Kike estaba sufriendo una crisis. “Le puse el medicamento de rescate y descansó. Todo el mundo sabe lo que tiene que hacer, incluso Carlos. A veces no sale tan rápido de la crisis y me llama para saber el próximo paso. Es delicado”, explicó, visibilizando una realidad que rara vez ocupa titulares.
Más allá del testimonio personal, Fabiola aprovechó su intervención para subrayar el papel de la Fundación Kike Osborne, creada para acompañar a familias que atraviesan situaciones similares. “Hay comunidades que tienen muchas prestaciones y no se puede acoger porque lo desconocen. A veces, algunas personas de la administración no te lo ponen fácil”, denunció, apuntando directamente a la falta de información y apoyo institucional.
Este martes, Kike será el protagonista de los Premios Dona2, acompañado por sus hermanas. Un gesto simbólico que busca poner rostro a una lucha silenciosa, y que marca el inicio de una nueva etapa en la fundación: “Ahora que Kike ya tiene 18 años y que pasa a primera línea, nos damos cuenta de la necesidad que hay de sentirse acompañado”.