
El despido fulminante de Alessandro Lequio de Mediaset, tras casi tres décadas como colaborador, ha desatado una tormenta mediática que sigue creciendo. La decisión del grupo de comunicación, motivada por las acusaciones de maltrato denunciadas por su exmujer Antonia Dell’Atte en una entrevista a El País, ha provocado reacciones inmediatas. Una de las más contundentes ha sido la de Isabel Rábago, quien también fue apartada de la cadena tras un enfrentamiento directo con el conde italiano.
La periodista ha aprovechado el momento para revelar un mensaje que Dell’Atte le envió en enero de 2025, cuando ella misma fue despedida. “Hoy quiero mostraros algo que siempre había guardado para mí”, escribió Rábago en su perfil de Instagram, compartiendo las palabras de apoyo que recibió de la modelo en uno de sus momentos más difíciles.
En aquel mensaje, Dell’Atte le trasladaba su solidaridad y denunciaba lo que consideraba un silencio cómplice en torno a Lequio: “¿Otra silenciada? Por blanquear a un maltratador reconocido. La verdad está saliendo… tiempo. Todos los que han encubierto a mi ex, cobardes y son muertos que andan en vida con las mentiras y vendiendo el alma al diablo”.
Rábago confesó que aquel gesto la hizo llorar y le dio fuerzas para recomponerse: “Este mensaje y las personas que nunca me dejaron caer porque nunca me soltaron la mano, me hicieron recapacitar, recomponerme y comenzar a andar de nuevo, en silencio. Y todo cambió”.
Tras la salida de Lequio, la periodista ha lanzado una advertencia que no ha pasado desapercibida: “Quedan muchos cómplices aún. Todo llegará. No es una venganza. Es Justicia”. Con estas palabras, Rábago apunta directamente a quienes, según ella, han encubierto comportamientos reprochables dentro de la cadena.
La comunicadora ha querido además reconocer públicamente la valentía de Antonia Dell’Atte, a la que define como “una mujer con todas las letras”, y ha extendido su agradecimiento a Mar Flores. “Guerrera. Y yo a las mujeres fuertes, guerreras, valientes, las admiro. Brava. Gracias”, concluyó.
La polémica está servida: el despido de Lequio no solo marca el final de una etapa en Mediaset, sino que abre un debate sobre las dinámicas de poder, los silencios y las complicidades en el mundo televisivo.