
Kiko Matamoros ha puesto punto final a su etapa en No somos nadie con una declaración tajante que marca un antes y un después en su trayectoria televisiva: “No pienso volver”. El colaborador, uno de los rostros más reconocibles del universo Sálvame, anunció su marcha tras semanas de tensiones en el plató y un último enfrentamiento que actuó como detonante.
La salida, sin embargo, no responde a un arrebato. Según explicó él mismo en directo, la decisión fue meditada “desde la tranquilidad”, después de años de desgaste acumulado y situaciones que calificó como “inasumibles e inaceptables”. Matamoros aseguró que su prioridad ahora es recuperar la paz personal y evitar que su familia sufra por la exposición mediática.
Pero su adiós no es una retirada total de la vida pública. El colaborador reveló emocionado el proyecto que ocupará su nueva etapa: la apertura de un centro de rehabilitación para drogodependientes, llamado Mens Sana, ubicado en Bilbao. Matamoros forma parte del grupo de empresarios implicados en la iniciativa, un proyecto que, según confesó, nace de su propia experiencia y de su deseo de “compensar cosas que no he hecho bien en mi vida”.
El centro será de carácter ambulatorio, un modelo que él considera “la forma más efectiva” de tratar la drogodependencia, al permitir que los pacientes mantengan el apoyo de su entorno cercano.
La marcha de Matamoros supone una nueva baja en el formato heredero de Sálvame, que en los últimos meses ha visto partir a figuras como Belén Esteban, Lydia Lozano o Kiko Hernández. Su despedida, entre lágrimas, deja claro que se cierra una etapa, pero también que comienza otra que él mismo define como “más honesta y necesaria”.