
La estabilidad de una de las parejas más mediáticas de España se ha visto sacudida por un inesperado viaje al pasado. Sofía Suescun ha provocado un auténtico incendio en redes sociales al sumarse a un reto viral sobre el año 2016. Lo que parecía un ejercicio de nostalgia se ha convertido en una prueba incriminatoria: la publicación de un vídeo de Kiko Jiménez lanzando piropos de alto voltaje a Sofía cuando, oficialmente, él todavía mantenía una relación con Gloria Camila Ortega.
¿Hubo deslealtad? El vídeo que no deja lugar a dudas
En las imágenes rescatadas por la ganadora de Gran Hermano, se puede ver a un jovencísimo Kiko de Linares dirigiéndose a cámara con una actitud más que sugerente. «Hola, Sofía. Aquí estoy, pensando en ti. Y ya que no puedo comerte, y eres un bombón, voy a comerme este otro bombón», espeta el colaborador mientras muestra una caja de dulces.
El problema reside en la cronología. Kiko Jiménez y Gloria Camila iniciaron su noviazgo en 2015 y no rompieron hasta 2019. Al incluir este clip en su carpeta de recuerdos de 2016, Sofía ha alimentado las sospechas de que su historia de amor pudo haber empezado mucho antes de lo que confesaron, posiblemente a espaldas de la hija de José Ortega Cano.
Una justificación que llega tarde
Ante el aluvión de críticas y especulaciones sobre una posible traición, la hija de Maite Galdeano ha intentado apagar el fuego con una aclaración de última hora. «El vídeo de Kiko es de antes, pero lo tenía en la carpeta de 2016… no sé por qué», ha sentenciado Sofía. Sin embargo, para muchos usuarios de redes sociales, esta rectificación no es más que una maniobra para proteger la imagen de su pareja y evitar una demanda o un conflicto público con el clan Jurado.
Las vueltas que da la vida o una traición planeada
Mientras algunos seguidores celebran que el destino acabara uniendo a la pareja (que ya suma seis años de relación), otros señalan que este vídeo es la prueba definitiva de que Kiko Jiménez siempre tuvo «un pie fuera» de su relación con Gloria Camila. La polémica llega en un momento de máxima exposición para la pareja, reabriendo viejas heridas en una guerra mediática que parecía enterrada pero que hoy, gracias a un «descuido» de Sofía, está más viva que nunca.