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De la academia al escándalo: El «modus operandi» de Lola García bajo la lupa de madres indignadas

La nueva vida de Lola García como pareja oficial de Kiko Rivera se ha visto empañada por un aluvión de testimonios que dibujan un perfil oscuro de la bailarina. Mientras la pareja se fotografía enamorada en Times Square, en España ha estallado una tormenta de acusaciones que califican su gestión profesional como una «especie de secta» basada en el egocentrismo, el impago y el presunto aprovechamiento de menores.

Prácticas abusivas y el «secuestro» de vestuario de Got Talent

Miguel Frigenti ha destapado en ‘El Tiempo Justo’ la caja de los truenos al contactar con madres de antiguas alumnas de la escuela de Lola. Los testimonios son demoledores: acusan a la bailarina de quedarse con los premios en metálico de los concursos y de boicotear a cualquier niña que «despuntara» para no perder el protagonismo.

Uno de los episodios más graves relatados por las familias se remonta a la participación del grupo en ‘Got Talent’. Según las madres, Lola prometió que los trajes facilitados por el programa serían un regalo para las niñas, pero meses después las obligó a devolverlos bajo presión para reutilizarlos en sus propios espectáculos privados. A este «modus operandi» se sumaría la imposición de comprar vestuario exclusivamente a su modista personal bajo la amenaza de exclusión: «Si no compras el traje de mi modista, tu hija no actúa».

Una deuda de 32.000 euros y un desahucio con fuga incluida

El pasado económico de la novia del DJ es igualmente turbio. La justicia dictaminó una orden de desahucio en 2021 tras acumular una deuda de 32.000 euros por el impago sistemático del alquiler de su local desde 2012. El propietario, que intentó llegar a acuerdos amistosos sin éxito, tuvo que personarse con la policía y un cerrajero para recuperar el inmueble, solo para descubrir que Lola había «desaparecido» sin dejar rastro de los pagos pendientes.

A pesar de que muchas familias la ayudaron económicamente durante la pandemia pagando cuotas con la escuela cerrada, las madres definen a Lola como una persona «interesada y ególatra» que delega sus responsabilidades docentes en las propias alumnas cuando tiene compromisos personales o citas sentimentales.

Blindaje en Nueva York frente a la «traición» de su entorno

Ajena a las críticas que la tildan de «romper en cólera» y culpar a los demás de sus propios fracasos, Lola García se refugia en Kiko Rivera. El hijo de la tonadillera ha optado por un silencio estratégico, publicando imágenes de su «aventura» en Nueva York mientras las personas que un día la apoyaron aseguran que el patrón siempre es el mismo: utilizar a quienes le rodean hasta que dejan de ser útiles para su «mayor gloria».

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