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¿Amor ciego o complicidad? Kiko Rivera victimiza a su novia «morosa» y estalla contra España desde Nueva York

El idilio de Kiko Rivera en la Gran Manzana se ha visto empañado por la cruda realidad financiera de su nueva pareja, Lola García. Tras revelarse una deuda de 32.000 euros y una orden de desahucio por impago, el DJ ha decidido contraatacar con un mensaje cargado de victimismo, sugiriendo que el pasado oscuro de su novia es un invento para castigarlo a él. Desde Times Square, el hijo de Isabel Pantoja cuestiona la moralidad de quienes denuncian las estafas de la bailarina, sentenciando: «Parece que nadie puede enamorarse de mí».

El «precio injusto» de una deuda de 32.000 euros

La defensa de Kiko Rivera ha levantado ampollas entre los afectados por la gestión de Lola García. Mientras el programa ‘El Tiempo Justo’ desgranaba cómo la bailarina ignoró las autoridades y al propietario de su antigua escuela de danza, el DJ calificaba estos hechos probados como intentos de «echar por tierra toda una vida de trabajo». Para Rivera, el hecho de que su pareja deba una suma millonaria y haya sido señalada por madres de alumnas como «ególatra» es simplemente un daño colateral de estar a su lado.

«Amar nunca debería ser un acto castigado», afirma Kiko, obviando que lo que se castiga no es el sentimiento, sino el presunto historial de impagos y mala praxis profesional que Lola arrastra desde 2012. Esta huida hacia adelante ha sido interpretada como un insulto por aquellos que todavía esperan cobrar lo que la joven les debe en España.

Un viaje de lujo bajo la sombra del desahucio

El contraste no podría ser más violento: mientras en España se relata cómo Lola García fue expulsada de su local en 2021 por no pagar el alquiler, ella posa en la ciudad más cara del mundo junto al «pequeño del alma». Kiko insiste en que ella es la «persona correcta», pero los testimonios de las familias que confiaron en su escuela de danza dibujan un perfil muy distinto al de la musa que él intenta vender en Instagram.

Lola, por su parte, ha optado por el silencio selectivo, publicando únicamente mensajes de apoyo de alumnas afines para intentar lavar una imagen que está, ahora mismo, por los suelos. La estrategia de la pareja es clara: ignorar los juzgados y las deudas mientras el dinero del DJ sufrague una estancia de ensueño que sus acreedores difícilmente podrán permitirse.

El victimismo como estrategia de defensa

Al grito de «¿por qué a mí?», Kiko Rivera vuelve a situarse como el centro de una conspiración mediática. Sin embargo, los críticos le recuerdan que las deudas de 32.000 euros existen con o sin él en la ecuación. La pregunta que queda en el aire es si Kiko está protegiendo a una mujer enamorada o si está siendo utilizado como escudo mediático y financiero por alguien que huye de sus responsabilidades legales en España.

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