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Isabel Pantoja desvalija Cantora antes de la subasta y deja la finca en ruinas: Sin grifos, puertas ni enchufes

La mítica finca Cantora, refugio histórico de Isabel Pantoja y escenario de los capítulos más intensos de la crónica social española, ha dejado de existir tal como se conocía. Tras años de asfixia financiera, el inmueble sale a subasta por un millón de euros, pero lo hace bajo una sombra de vandalismo doméstico: la propia tonadillera habría arrasado con todo elemento funcional de la vivienda antes de su salida definitiva.

Un desmantelamiento hasta los cimientos

El director de la revista Lecturas, Luis Pliego, ha confirmado en el programa ‘El tiempo justo’ que la propiedad se encuentra en un estado de «absoluta ruina» provocado por la cantante. Según la información revelada, Pantoja no se ha limitado a llevarse sus pertenencias personales y muebles, sino que ha procedido a un desmantelamiento técnico de la estructura. «Faltan puertas interiores, grifos, enchufes, platos de ducha y bañeras; la cocina está arrancada», detalló Pliego, asegurando que incluso los aparatos de aire acondicionado han sido retirados, dejando las paredes desnudas.

Una deuda de 2,2 millones y una subasta inminente

La salida a subasta de las 370 hectáreas de terreno responde a una deuda acumulada que asciende a los 2,2 millones de euros. Tras cinco años sin abonar las cuotas de una hipoteca que superaba los 12.000 euros mensuales, el banco ha tomado el control de la finca. La estrategia bancaria consiste ahora en vender la deuda a mitad de precio para facilitar que un comprador parta con ventaja en la puja que se celebrará a principios del próximo mes.

El «regalo envenenado» de la tonadillera

Sin embargo, el futuro propietario de Cantora se enfrentará a un activo de dudosa rentabilidad. Al desastroso estado de la vivienda se suma la inviabilidad del terreno. Expertos advierten que se trata de tierras de secano sin acceso a riego, lo que impide cualquier explotación agraria seria. Además, al ser suelo rústico protegido, la normativa vigente prohíbe la edificación de nuevos complejos o la reconversión de la casa en un hotel, dejando al comprador con una propiedad en ruinas sobre la que pesa la historia de un expolio interno.

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