
El tsunami mediático provocado por el estallido de Emma García contra Gloria Camila en Fiesta ha traspasado las fronteras del fin de semana. Patricia Pardo, desde el plató de Vamos a ver, no solo ha cerrado filas en torno a su compañera, sino que ha aprovechado para lanzar un ataque directo contra la actitud de las colaboradoras que, tras lucrarse con su vida privada, pretenden imponer la ley del silencio en directo.
«Parece que te pongo una pistola en la sien»: El dardo de Pardo
Patricia Pardo no ha tenido reparos en comparar el desplante de Gloria Camila con los «rifirrafes» que ella misma ha sufrido con Alejandra Rubio. La periodista ha recordado cómo la hija de Terelu Campos utiliza la misma táctica de las «malas caras» cuando se le pregunta por temas que ella misma ha puesto en el mercado.
«Me recordó mucho a mi momento con Alejandra. Es que si vendes tu vida, entenderás que te preguntemos por ella«, ha sentenciado Pardo, señalando la incoherencia de cobrar una silla en televisión para luego mostrarse reticente a colaborar con el programa que paga su sueldo.
Defensa cerrada a Emma García tras el «me importa una mierda»
Para la presentadora de Vamos a ver, la reacción de Emma García —quien llegó a abandonar el sofá para encararse con la dirección— es la consecuencia lógica de una «profesional inmensa» que ha llegado a su límite crítico. Pardo ha definido la actitud de Gloria Camila como una falta de respeto hacia una comunicadora que es «serena, prudente y brillante».
La reprimenda pública subraya una realidad que escuece en los pasillos de Mediaset: la molestia de los presentadores ante la falta de cooperación de perfiles que han ganado su puesto aireando intimidades, pero que ahora «ponen en jaque la escaleta» con su hermetismo y sus gestos de desprecio.
El fin de la impunidad de las «hijas de»
El discurso de Patricia Pardo pone el foco en una tendencia que parece estar llegando a su fin. Al defender el brote de Emma García, Pardo critica con dureza a esos rostros televisivos que se muestran reticentes a discutir su privacidad una vez sentados en el plató.
«Molesta que te pongan malas caras», insistió Pardo, reafirmando que no se puede pretender ser un personaje público para las exclusivas y un ciudadano anónimo cuando las preguntas resultan incómodas. El mensaje es claro: o se colabora, o se deja la silla.
