
La guerra de audiencias entre las tardes de Antena 3 y Telecinco ha vivido un capítulo inesperado y cargado de tensión. Lo que parecía una conexión rutinaria en ‘Y ahora Sonsoles’ para analizar un caso de estafas sentimentales terminó convirtiéndose en un campo de batalla personal cuando el nombre de Ana Rosa Quintana irrumpió en el plató de Atresmedia, provocando una reacción visceral que los micrófonos no perdonaron.
Un cruce de acusaciones fuera de control
La presentadora Sonsoles Ónega moderaba un tenso cara a cara entre Florinda, una mujer que asegura haber sido estafada por un militar, y Óscar Ramos, quien ahora la acusa a ella de haberle engañado. Entre interrupciones y advertencias legales, la situación se volvió caótica cuando los protagonistas empezaron a citar sus intervenciones en la cadena de la competencia para defender sus argumentos.
Fue Florinda quien soltó la chispa que encendió la mecha: «No es así, no, lo has dicho en ‘El programa de Ana Rosa'», le recriminó a Óscar en un intento de invalidar su testimonio.
El dardo de Isabel Rábago: «No nos interesa ese programa»
En ese preciso instante, Isabel Rábago, colaboradora del espacio, no pudo —o no quiso— contenerse. Con el micrófono aún abierto y ante el asombro de los presentes, la periodista sentenció con desdén: «No nos interesa ese programa».
El comentario no es una simple anécdota de plató. El dardo de Rábago contra su antigua jefa y contra Unicorn Content cobra una relevancia especial debido a la situación legal de la colaboradora. Cabe recordar que la periodista mantiene un litigio judicial contra Mediaset tras su salida de ‘Vamos a ver’, lo que convierte su desprecio público hacia la productora de Quintana en una declaración de intenciones en toda regla.
La incomodidad de Sonsoles Ónega
Aunque Sonsoles Ónega ha intentado siempre mantener una relación de cordialidad institucional con su antigua casa, este tipo de incidentes dificulta la tregua. Mientras el programa de Atresmedia lidera las tardes, este desliz de Rábago pone de manifiesto que la herida por su despido sigue abierta y que la lealtad hacia su nuevo espacio pasa por el ataque frontal a la que fuera su casa durante años.