
MADRID — Hay momentos en los que la corona se inclina ante la humanidad, y lo vivido este miércoles en la Casa de Galicia ha sido uno de ellos. La reina Letizia ha acudido a la capilla ardiente de Fernando Ónega, fallecido a los 78 años, no solo como jefa de Estado, sino como una periodista que despide a su maestro y como una amiga que sostiene el dolor de otra: Sonsoles Ónega.
La presencia de Doña Letizia ha generado un impacto inmediato. Lejos de la frialdad institucional, la Reina se detuvo ante los medios para ofrecer un discurso que muchos expertos ya califican como «digno de una tesis doctoral» por su impecable manejo del lenguaje y la emoción.
«De referente al padre de mi amiga» Con una serenidad que recordaba sus mejores años frente a las cámaras, Letizia Ortiz recordó cómo Fernando Ónega fue el «maestro de generaciones» que dignificó el oficio. Sin embargo, el punto más emocionante llegó cuando personalizó su vínculo con la familia: «Fernando me acompañó toda la vida. Luego tuve la suerte de conocer a una de sus hijas en los trabajos en los que fui redactora; así, pasó de ser un referente al padre de mi amiga».
Acompañada por Marta Carazo, jefa de su Secretaría, la Reina subrayó que su visita tenía un doble propósito: honrar la artesanía del periodismo radiofónico y, sobre todo, darle un abrazo a Sonsoles en su momento más amargo.
Unánime aplauso en las redes: «La mejor comunicadora del país» El efecto de sus palabras ha sido sísmico en las redes sociales. Periodistas de la talla de Mónica Carrillo y Martín Bianchi han caído rendidos ante su oratoria. «No hubo ni habrá una reina de España con el don de la palabra que tiene Letizia», sentenciaba Bianchi en X (Twitter).
Incluso voces alejadas de la monarquía se han sumado al reconocimiento, admitiendo que, aunque España ganó una Reina, el periodismo perdió a una comunicadora hipnótica. Expertos en comunicación como Javier Regueira, PhD, han destacado que lo que Letizia aporta a la institución a través de su capacidad de transmitir es «inmenso».