
La mítica finca de Medina Sidonia ha dejado oficialmente de pertenecer a la familia Pantoja. En una operación relámpago desvelada por el programa Fiesta, se confirma que el histórico hogar de Paquirri ha sido adquirido por un inversor extranjero, marcando el punto final al conflicto más mediático de la herencia de España.
Un inversor franco-libanés toma el control
La propiedad ya no es el refugio de Isabel Pantoja ni el campo de batalla con su hijo, Kiko Rivera. El nuevo dueño es un empresario de origen libanés y nacionalidad francesa que llevaba meses rastreando la situación financiera de la dehesa.
La operación, valorada en 1.200.000 euros, no ha sido sencilla. Según ha explicado Kike Calleja, la firma se dilató debido a los estrictos protocolos de seguridad financiera: «Ha tenido que pasar un registro antiblanqueo para acreditar la procedencia del dinero», reveló el colaborador en Telecinco.
La estrategia detrás de la reconciliación
Un dato clave que arroja luz sobre los movimientos de los últimos meses es la reciente «paz» entre la tonadillera y su primogénito. Todo indica que el acercamiento familiar tuvo un fuerte componente económico: Isabel habría frenado la venta individual de la parte de Kiko para negociar la propiedad completa con este inversor, maximizando así el beneficio y liquidando las deudas bancarias que asfixiaban la finca.
Adiós al «Salseo», hola a la Yeguada
El destino de Cantora está lejos de las cámaras. El proyecto del nuevo propietario es transformar los terrenos en una yeguada de alto nivel. Este giro empresarial devolverá a la finca su actividad agropecuaria original, borrando décadas de exclusivas y polémicas. Con la salida de los últimos enseres de la familia, Cantora inicia una nueva etapa en la que el apellido Pantoja será, por fin, cosa del pasado.