
MADRID. — En una de las noches más tensas y seguidas de la temporada, Rocío Flores ha vuelto a sentarse en el plató de ‘¡De Viernes!’ para abrirse en canal sobre las heridas que, lejos de cicatrizar, parecen supurar más que nunca. En un relato marcado por el dolor y la falta de reconciliación, la hija de Rocío Carrasco ha lanzado una promesa que resuena como un dardo directo al pasado: su determinación absoluta sobre cómo será su propia maternidad.
El juramento de una hija herida
A pesar de los años transcurridos, Rocío Flores mantiene la certeza de que su recuperación total es una utopía. «Con la mano en el corazón, que no estoy recuperada lo sé a ciencia cierta», confesaba ante una audiencia silenciada por su crudeza. Sin embargo, el momento más potente de la entrevista llegó cuando proyectó su futuro personal.
Rocío fue tajante al asegurar que su vivencia servirá de manual de lo que nunca debe repetirse: “Si algún día tengo hijos, jamás le haré a mis hijos lo que me han hecho a mí”. Con esta frase, la joven no solo marca una línea roja con su progenitora, sino que establece un compromiso de protección total hacia su futura descendencia.
“Lo importante es cómo criar a tus hijos, la felicidad, los valores… nunca les haría pasar por lo que he pasado yo”, sentenció con la mirada fija en las cámaras.
Un reencuentro gélido y sin perdón
La entrevista también sirvió para conocer detalles inéditos de la nula relación que mantiene con su madre. Rocío reveló que en un encuentro fortuito posterior a las grandes polémicas, su madre no le devolvió el saludo, un gesto que para ella confirmó que el puente está totalmente dinamitado.
Flores calificó la exposición de los episodios de su minoría de edad como «lo peor» que le ha pasado en la vida, asegurando que haber sido señalada públicamente por su propia sangre es una carga con la que duda poder dejar atrás algún día.