
MADRID. — Mientras Isabel Pantoja celebraba recientemente su reconciliación con Kiko Rivera, un nuevo frente se ha abierto en su propia familia, y esta vez la protagonista es su hija, Isa Pantoja. Las portadas de las revistas Semana y Lecturas han lanzado un órdago directo al corazón de la tonadillera al publicar unas fotografías que hasta hace poco eran impensables: Isa Pi compartiendo su Semana Santa con María del Monte.
Un término que duele: «Familia»
Lo que más ha impactado a los colaboradores de ‘El tiempo justo’ no es solo el encuentro físico, sino el vínculo emocional que se desprende de las imágenes. Según ha revelado Jorge Borrajo, Isa no solo se ha visto con la cantante, sino que ha «verbalizado el término familia» al referirse a ella. En las instantáneas, Isa no estaba sola; su hijo mayor la acompañaba, reforzando esa imagen de unidad generacional que excluye por completo a la abuela biológica, Isabel Pantoja.
La reacción de Irene Rosales en el plató no se ha hecho esperar, mostrándose visiblemente a favor de este acercamiento:
«Me encanta. Nadie puede impedir que ellas se sigan queriendo. Siguen siendo familia a pesar del tiempo», sentenció la mujer de Kiko Rivera, en un comentario que muchos interpretan como un nuevo distanciamiento de las posturas de su suegra.
La molestia de Isabel Pantoja
Sin embargo, no todo es alegría. El periodista Antonio Rossi ha puesto el foco en la herida que esto abrirá en Cantora. «A Isabel no le va a hacer ninguna gracia», asegura Rossi, recordando que la ruptura de la amistad entre María del Monte e Isabel Pantoja fue total y «con todas las consecuencias».
Según el colaborador, el hecho de que Isa haya esperado años para mostrar esta relación públicamente responde al miedo a la reacción de su madre, una reacción que ahora se prevé furibunda: «Le va a molestar la imagen», vaticina Rossi.
Este movimiento de Isa Pantoja se interpreta como un acto de rebeldía y madurez, eligiendo sus propios afectos por encima de las guerras del pasado de su madre, justo cuando el clan parecía estar, por fin, en una tregua.