
MADRID. — Tras la filtración de las cifras que rigen el actual convenio de separación entre Kiko Rivera e Irene Rosales, la tensión entre ambos ha llegado a un punto de no retorno. Mientras el hijo de la tonadillera pone el foco en los gastos que asume, el entorno más cercano a la sevillana ha comenzado a desgranar la realidad de una economía familiar que dista mucho de ser idílica.
El conflicto de la pensión: Por qué los 600 euros son el límite
La cifra de 600 euros mensuales por la manutención de sus hijas es el punto de fricción que dinamitó el mutuo acuerdo. Según fuentes cercanas a la negociación, Irene Rosales considera que esta cantidad, aunque superior a la que Kiko paga por su primer hijo, es el mínimo necesario para cubrir las necesidades básicas en el actual contexto económico.
Las quejas de Irene no van dirigidas solo a la cantidad, sino a la falta de flexibilidad:
- El paso de 400 a 600: La prensa confirma que Irene tuvo que solicitar formalmente esta subida en dos ocasiones, ya que los 400 euros iniciales eran inviables para el cuidado de dos menores.
- Gastos invisibles: Aunque Kiko cubra el alquiler (1.300€) y el coche (500€), el entorno de Irene insiste en que ella es quien gestiona y asume los gastos de alimentación, vestuario, actividades extraescolares y suministros diarios, que no están reflejados en esa cifra fija.
La respuesta al «ataque» de Kiko
Irene Rosales ha optado por la discreción pública, pero su círculo íntimo asegura que se siente «dolida y sorprendida» por el hecho de que se aireen estos datos. Para la colaboradora, presentar estas cifras como una «concesión generosa» es una estrategia para forzar una custodia compartida que, según ella, no responde a un deseo de pasar más tiempo con las niñas, sino a una motivación puramente económica para reducir la pensión.
Un agravio comparativo que no convence
A pesar de que los 600 euros están muy por encima de los 180 euros que Kiko abona a Jessica Bueno, desde el lado de Rosales se recalca que cada situación es distinta y que el nivel de vida y las necesidades de las hijas menores en Sevilla requieren una implicación financiera acorde a los ingresos profesionales que genera el artista.