
La Feria de Abril ha echado el cierre, pero la resaca emocional en el clan Flores-Ortega no ha hecho más que empezar. Tras semanas de una guerra fría que comenzó con un inesperado «unfollow» en redes sociales, Rocío Flores y Gloria Camila se han visto las caras en Sevilla. Sin embargo, lejos de una reconciliación de película, lo que se ha vivido es un encuentro marcado por la distancia y las palabras medidas.
Rocío Flores ha sido tajante al ser preguntada por la esperada conversación de perdón: «Una feria no es el sitio para hablar de ese tipo de cosas». Con estas palabras, la hija de Rocío Carrasco confirma que, aunque han compartido espacio físico con «toda la familia», la herida entre tía y sobrina sigue abierta. A pesar de que el entorno de Gloria Camila intentaba suavizar la situación, Rocío ha desmentido que el conflicto esté arreglado, asegurando que si llega a producirse una charla, «será en casa» y bajo la más absoluta intimidad.
El «tercero en discordia» y el respeto familiar
La tensión no solo se centraba en ellas. La presencia de Manuel Cortés y Raquel Bollo, señalados como piezas clave en el distanciamiento de las «hermanas», también marcó las jornadas en el Real. Rocío no ha ocultado su acercamiento a ellos, lanzando un mensaje directo a su tía: «Gloria sabe muy bien cómo soy, sabe la relación que tengo con ellos y se respeta». Unas declaraciones que dejan claro que Rocío no piensa cambiar sus lealtades, a pesar de que eso pueda seguir incomodando a la hija de Ortega Cano.