
Los problemas familiares que Rocío Flores experimentó en su hogar durante su etapa adolescente, y que terminaron por dinamitar de forma definitiva los lazos maternos con Rocío Carrasco, continúan siendo una asignatura pendiente en términos de sanación emocional. Frente a la creencia popular de que los años mitigan los conflictos, Leticia Martín Enjuto, psicóloga, fundadora y directora del Centro de Psicología Leticia Martín Enjuto, ha arrojado luz sobre los motivos psicológicos que impiden el cierre de esta disputa.
La experta desmonta el mito de que el paso de los días sea un remedio infalible, señalando de manera directa que las heridas del pasado afectivo de la joven siguen determinando su presente y su incapacidad para dejar atrás el dolor originado en el núcleo familiar.
Las declaraciones de la joven no responden a un capricho mediático sino a la necesidad de ser escuchada
De acuerdo con el riguroso análisis de la especialista, cada vez que una persona decide exponer y verbalizar de nuevo los pasajes de su pasado, especialmente cuando se trata de una relación tan elemental y significativa como la de una madre, no se realiza bajo ninguna circunstancia por mero capricho o con la única intención de remover el sufrimiento de forma gratuita.
Martín Enjuto asegura con firmeza que los testimonios públicos de Rocío Flores al recordar su convulsa historia personal y al mencionar explícitamente a su progenitora responden a una necesidad intrínseca mucho más profunda. El hecho de volver recurrentemente sobre estos recuerdos es el reflejo inequívoco de que existe una parte en el interior de la joven que todavía demanda con urgencia ser atendida y escuchada por su entorno.
La persistencia de una herida emocional que continúa en la búsqueda de comprensión social y familiar
El diagnóstico de la psicóloga concluye que el comportamiento de la colaboradora de televisión pone de manifiesto la existencia de una herida emocional de gran magnitud que sigue buscando, de manera incesante, comprensión.
La directora del centro clínico insiste en que las manifestaciones de dolor de Rocío Flores no deben simplificarse ni catalogarse como una actitud antojadiza. Al contrario, se trata de la expresión externa de un proceso traumático no resuelto que, al no haber encontrado un espacio de validación mutua ni un puente de reconciliación con Rocío Carrasco, permanece latente y se reactiva ante la falta de un entendimiento definitivo que repare el daño sufrido en su juventud.