
MADRID — Kiko Matamoros no le tiene ningún miedo al quirófano y nunca lo ha ocultado. A sus 69 años, el colaborador de televisión se ha consolidado como uno de los personajes públicos que más abiertamente habla sobre su pasión por la medicina estética. A lo largo de sus más de dos décadas de trayectoria mediática, el madrileño ha llevado a cabo una transformación física radical respaldada por una inversión de miles de euros en tratamientos, retoques e intervenciones quirúrgicas de alta complejidad.
Para el tertuliano, someterse a la aguja y al bisturí no es solo cuestión de vanidad, sino una herramienta de trabajo y un estilo de vida que combina con una estricta disciplina en el gimnasio para plantarle cara al paso del tiempo.
Escultura facial: Del lifting profundo a los retoques de mirada y perfil
El rostro de Matamoros ha experimentado un cambio drástico mediante intervenciones enfocadas a suavizar las arrugas, eliminar la flacidez y redefinir las facciones de su cabeza:
- Lifting facial y cervical profundo: Una de sus apuestas quirúrgicas más potentes para estirar los tejidos, eliminar la papada y recuperar el contorno de la mandíbula y el cuello de forma duradera.
- Blefaroplastia: Cirugía en los párpados superiores e inferiores diseñada para eliminar las bolsas de los ojos y corregir la mirada cansada o caída.
- Rinoplastia y otoplastia: Modificaciones en el perfil de su nariz —motivadas también por problemas de respiración— y corrección en la forma de las orejas.
- Injerto de cejas y medicina estética: Injertos capilares para repoblar la zona de las cejas, sumados a infiltraciones periódicas de ácido hialurónico y toxina botulínica (bótox) para dar volumen y marcar pómulos y mandíbula.
Un cuerpo moldeado: Liposucción y marcación abdominal
Más allá del rostro, su anatomía corporal también ha pasado por las manos de cirujanos plásticos. Para complementar sus rutinas de pesas de 45 minutos diarios, el colaborador confió en la tecnología médica sometiéndose a una marcación abdominal y liposucción de alta definición para remodelar la zona del torso y lucir unos abdominales esculpidos, desafiando los efectos naturales del envejecimiento.
«Estoy contento de cómo estoy. Me machaco mucho en el gimnasio y cuido la alimentación, pero el quirófano es una ayuda para verse y sentirse bien».
A punto de alcanzar los 70 años, Kiko Matamoros demuestra que sigue estando dispuesto a someterse a cualquier repaso quirúrgico que considere necesario para proyectar la imagen firme y rejuvenecida que desea frente a los focos.