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«YO ERA SU GRAN OBSESIÓN»: Toño Sanchís rompe el silencio y acusa a Belén Esteban de intentar destrozar su matrimonio

MADRID — El conflicto entre Belén Esteban y su exrepresentante Toño Sanchís ha vuelto a reabrir sus heridas más profundas. En una explosiva exclusiva concedida a la revista Lecturas, el mánager rompió su silencio con unas polémicas declaraciones en las que asegura que el vínculo que los unía traspasó por completo las fronteras profesionales, señalando a la tertuliana de haber mantenido una fijación sentimental con él y de intentar romper su vida familiar.

Sanchís llegó a afirmar textualmente que él representaba la «gran obsesión» de la de Paracuellos durante sus años de máximo apogeo mediático, detallando episodios íntimos para argumentar la estrecha relación que mantenían en el ámbito personal.

«A Belén le encantaba cogerme de la mano o el brazo y que fuéramos como una pareja,» reveló el mánager en las páginas de la publicación para justificar la toxicidad de su entorno laboral.

Presiones a su esposa y acusaciones de manipulación

Uno de los puntos más graves del testimonio de Toño Sanchís se centra en Lorena, su esposa. Según la versión del exrepresentante, la colaboradora de televisión sentía unos profundos celos de su mujer e intentó interferir de forma directa en su estabilidad conyugal:

  • Intentos de mediación fallidos: Sanchís sostuvo que Lorena intentó acercarse a Belén para apaciguar las aguas y ejercer de mediadora en los momentos de mayor tensión.
  • Intento de manipulación: Lejos de acercar posturas, el mánager acusó a la tertuliana de intentar «comerle la cabeza» a su esposa y presionarla para forzar una separación matrimonial.

La contundente réplica en plató: «Él sí estaba enamorado de mí»

La respuesta por parte de Belén Esteban no se hizo esperar en los sets de televisión. La de Paracuellos desmintió categóricamente cada una de las palabras de su exapoderado, calificando la versión de invención y dando un giro radical al relato sobre quién sentía atracción por quién:

«Yo no estaba enamorada de Toño Sanchís, pero él sí de mí,» sentenció tajante la colaboradora ante las cámaras, desarmando la narrativa de su antiguo hombre de confianza.

Este encendido cruce de reproches personales y pasionales funcionó como una guerra mediática paralela al durísimo enfrentamiento judicial que ambos mantuvieron durante años por la gestión económica de sus contratos, un litigio que terminó marcando un antes y un después en la historia de la crónica rosa española.

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