
MADRID — La mediática reaparición de Belén Esteban en los platós de televisión ha vuelto a encender la polémica en torno a la relación con el padre de su hija primogénita, Jesulín de Ubrique. Aunque la de Paracuellos conmovió a los espectadores al relatar las supuestas diferencias de trato entre sus hijas, un velo de silencio volvió a posarse sobre uno de los aspectos económicos más controvertidos: la financiación de la intervención quirúrgica de rostro y mandíbula a la que se sometió Andrea Janeiro.
Pese a que las recientes insinuaciones de Juls Janeiro daban a entender que el coste había corrido a cargo del diestro, la tertuliana prefirió no profundizar en los detalles financieros de la operación durante su intervención en directo.
La póliza médica y la controversia del doble cobro
Detrás de la intervención maxilofacial de Andrea Janeiro existe una realidad financiera que la colaboradora evitó abordar ante las cámaras. Según fuentes cercanas al entorno de la familia, el torero de Ubrique mantiene contratado un seguro médico privado que da cobertura a sus cuatro hijos por igual:
- Cobertura del 80%: Al tratarse de una intervención médica requerida, la póliza privada a nombre de Jesulín asumió el 80% del coste total de la operación de mandíbula y cara.
- La solicitud de dinero posterior: La controversia surge tiempo después, cuando la de Paracuellos solicitó a Ubrique una suma económica destinada a sufragar la misma operación que el seguro ya había abonado en su gran mayoría, rozando una situación irregular de doble cobro que quedó completamente fuera del relato televisivo.
Lágrimas en directo: La eterna disputa del chándal y el vestido de princesa
Donde sí quiso poner el foco la excolaboradora de Sálvame fue en el plano emocional. Con lágrimas en los ojos, rememoró el presunto trato diferencial que el torero habría dispensado a lo largo de los años entre su hija mayor y Julia Janeiro, fruto de su matrimonio con María José Campanario.
Para ejemplificar esa brecha afectiva, Belén volvió a recurrir al recordado episodio estilístico que ha marcado su discurso durante décadas: la diferencia entre comprarle un sencillo chándal a su hija Andrea frente a los vestidos de princesita con los que se agasajaba a la pequeña de la casa en Ambiciones. Un relato de agravios comparativos que, sin embargo, vuelve a chocar con las cifras y los documentos que la tertuliana prefirió no desvelar.