
El regreso de Gran Hermano a Telecinco, promocionado como el gran salvavidas de la cadena junto a La Isla de las Tentaciones 9, ha encendido todas las alarmas tras el desolador estreno de su primer debate dominical. Con Ion Aramendi al frente, GH: El Debate apenas logró un 9,4% de cuota de pantalla y una media de 740.000 espectadores, cifras que no solo decepcionan, sino que comprometen seriamente la viabilidad del formato en su vigésima edición.
El dato es especialmente preocupante si se considera que el programa se emitió en una noche sin grandes rivales: fue tercera opción por detrás de la serie turca Una nueva vida (11,2%) en Antena 3 y de La película de la semana en La 1 (9,7%). En la franja de competencia directa, GH llegó a caer hasta el 8,5%, remontando tímidamente en la madrugada para cerrar con un insuficiente 9,4%.
La situación no es nueva. El estreno del reality el pasado jueves ya dejó entrever un panorama sombrío: aunque marcó un 15,8% de share, no alcanzó los 900.000 espectadores, una cifra que en otros tiempos habría sido considerada un desastre. Las redes sociales tampoco perdonaron: críticas al ritmo, al casting y a la falta de tensión narrativa marcaron la conversación digital.
El golpe no se limita al reality. Telecinco cerró el domingo con un preocupante 8% de cuota global, arrastrada también por los bajos rendimientos de Fiesta (8,3%), Agárrate al sillón (7,6%) y Vaya fama (7,5%). Incluso Informativos Telecinco sufrió, con un 9,3% en su primera edición y un 7,9% en la segunda.
La cadena confiaba en Gran Hermano 20 como el gran revulsivo para revertir su crisis de audiencia. Sin embargo, el arranque del debate ha sido más un aviso de naufragio que una señal de recuperación. La pregunta ya no es si GH podrá reflotar Telecinco, sino si logrará mantenerse a flote en una parrilla cada vez más debilitada.