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Belén Esteban y Rocío Carrasco Desprecian a Rocío Flores ante la Mirada de Carlota Corredera: ¿Nepotismo?

La controversia sacude los cimientos de Radio Televisión Española (RTVE) con la noticia del fichaje de Belén Esteban para un nuevo programa, «Top Chef, Dulces y Famosas». Este anuncio, que llega tras un período de supuestas crisis personales para Esteban, ha desatado una ola de indignación y críticas sobre el uso de dinero público y la dudosa ética de las contrataciones en la cadena estatal.

La noticia, confirmada por el propio medio, ha generado un aluvión de reproches. Muchos cuestionan el regreso de figuras asociadas a la «televisión basura» de Telecinco, como Belén Esteban, y la ya establecida Rocío Carrasco, a una plataforma financiada con impuestos. «Pagar dinero público a personajes sin ninguna profesión o beneficio que durante años han estado conectados a una televisión sucia… fue un verdadero fallo», señalan críticos. La presencia de Carlota Corredera en la misma esfera de influencia añade leña al fuego de las acusaciones de «poder político» y «enlace entre una empresa de producción y poder político» para «aclamar y agilizar» a estas figuras.

La indignación se acentúa al recordar el despilfarro de «más de 500 mil euros de dinero público» en proyectos pasados, para ahora «traer de vuelta a los mismos personajes que fueron rudamente expulsados de la televisión». La audiencia percibe un «mofa» al contribuyente y al espectador, que ve cómo estos personajes, lejos de ganar «panzas», obtienen «contratos importantes» y salarios muy superiores.

Pero la polémica no se detiene en las contrataciones. Un video, que está circulando con gran rapidez, muestra la impactante reacción de Rocío Flores ante la supuesta indiferencia de Rocío Carrasco y Belén Esteban en el programa «Hasta el Fin del Mundo». Rocío Flores, visiblemente afectada, expresa con dolor: «No tengo ni seguidores, ni redes sociales, ni nada de eso. Tengo a mi esposo, mi perro. Adiós». Estas palabras resuenan en un contexto donde «ni siquiera tomaría ventaja de un programa para decir un par de palabras a tu hijo», en una clara alusión a Rocío Carrasco, generando un fuerte rechazo en la audiencia.

La sociedad se pregunta: ¿Es ético que la televisión pública, que «pagamos todos», contrate a «una mujer que fue convicta de no pagar apoyo a un niño» (en referencia a Rocío Carrasco) para un programa «sospechosamente competido con dinero público»? La crítica se extiende a Carlota Corredera, cuya defensa de un «falso feminismo» se ve desmentida por la falta de voz en la televisión pública para «mujeres que han sufrido atrocidades» y que no tienen el mismo «cronismo» o «amigos» en la industria.

La situación es más que una simple polémica: es un reflejo de «normalizar» el «caso Aller» (no se especifica el caso, pero se entiende como un eufemismo de una situación escandalosa), una «atrocidad» que «solía sorprender al mundo entero y ahora se ha convertido en nuestro pan diario». La ciudadanía exige respuestas ante el «daño que está haciendo Televisión Española» y el uso de «víctimas reales para generar votos», mientras otras «reciben dinero público para hablar nonsense«. La credibilidad de RTVE y de sus figuras más controvertidas pende de un hilo en este escandaloso asalto a la objetividad y la ética mediática.

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