
Isa Pantoja ha vuelto a situarse en el centro de la conversación pública tras confesar, con una sinceridad poco habitual en el universo influencer, el problema que arrastra desde que nació Cairo, su hijo en común con Asraf Beno. La exconcursante de Supervivientes ha utilizado su perfil de Instagram para exponer el desgaste físico y mental que está viviendo en esta etapa, un testimonio que desmonta la imagen edulcorada de la maternidad que tantas veces domina las redes.
A sus 30 años, Isa reconoce que los primeros meses fueron especialmente duros, marcados por una depresión posparto que logró superar con esfuerzo y acompañamiento. Sin embargo, cuando parecía haber recuperado el equilibrio, los seis meses de Cairo han traído una nueva oleada de desafíos. La creadora de contenido describe esta fase como una montaña rusa emocional: fascinante por los avances del bebé, pero agotadora por la intensidad de las rutinas.
En sus stories, Isa mostró sin filtros su rostro hinchado y unas ojeras que, según ella misma, nunca había tenido. El origen del problema está en las noches interminables con su hijo, un terreno donde ni los turnos con Asraf logran darle descanso real. “Estoy alerta al mínimo ruido, no lo puedo evitar”, confesó, señalando que no sabe si se trata de un instinto materno o de una preocupación que se le ha ido de las manos.
La influencer admite que ha llegado a un punto crítico. “No sé qué hacer, lo necesito cambiar”, reflexionó ante sus seguidores, reconociendo que su cuerpo y su mente le están pidiendo una tregua. Su relato, lejos de buscar dramatismo, expone una realidad que muchas madres viven en silencio: la imposibilidad de desconectar, incluso cuando hay apoyo en casa.
Con esta confesión, Isa Pantoja reabre un debate incómodo pero necesario sobre la presión que recae sobre las madres jóvenes, la romantización de la maternidad en redes sociales y la falta de espacios para hablar del agotamiento sin ser juzgadas. Su testimonio, directo y sin adornos, vuelve a poner sobre la mesa que criar a un hijo no siempre encaja en la narrativa perfecta que se consume a golpe de scroll.
