
La modelo asegura vivir su etapa más poderosa mientras revisita públicamente los episodios más duros de su vida, desde su divorcio hasta su ingreso en una clínica de salud mental.
Alba Carrillo cierra el año con un mensaje contundente: asegura estar en su “mejor versión”, sentirse “poderosa” y haber recuperado una estabilidad que, según reconoce, estuvo a punto de perder por completo. La modelo, que acaba de regresar de su aventura televisiva en Latinoamérica, protagoniza un reportaje navideño en el que combina celebración, introspección y una revisión sin filtros de los momentos más oscuros de su pasado reciente.
A las puertas de cumplir 40 años, Carrillo describe un presente sereno, centrado en su hijo, en rituales familiares y en un entorno afectivo reconstruido tras años de tensiones. Relata cómo, después de un periodo de distanciamiento con la familia paterna del niño, todos lograron recomponer la relación “gracias al poder conciliador” del menor. Un gesto que, según afirma, le permitió resetear su vida emocional y dejar atrás rencores enquistados.
La colaboradora televisiva también reivindica el papel que ha tenido su trabajo en Televisión Española en esta nueva etapa. Asegura sentirse cuidada, valorada y libre de la presión de que su vida sentimental determine su presencia mediática. “Ahora soy yo la protagonista”, afirma, subrayando que durante años sintió que su relevancia pública dependía más de sus parejas que de su propio talento.
Sin embargo, el punto más delicado de la entrevista llega cuando aborda su divorcio de Feliciano López, un episodio que describe como el detonante de su peor crisis emocional. Carrillo recuerda que atravesó una depresión profunda, marcada por agotamiento extremo, pensamientos desesperados y un ingreso en una clínica de salud mental. Explica que en aquel momento se sintió estigmatizada y juzgada, y reivindica que su sufrimiento no fue un signo de locura, sino de una herida emocional severa que necesitaba atención y comprensión.
Hoy, afirma, la percepción social sobre la salud mental ha cambiado, y ella misma se siente más fuerte, más consciente y más dueña de su historia. Su relato, sin embargo, no ha pasado inadvertido: mientras algunos celebran su transparencia, otros consideran que reabrir episodios tan sensibles en plena promoción mediática vuelve a situarla en el terreno de la polémica que tantas veces ha marcado su trayectoria.
Lo cierto es que, entre luces y sombras, Alba Carrillo vuelve a ocupar titulares. Y lo hace, una vez más, desde un equilibrio complejo entre la reivindicación personal y la exposición pública que nunca ha dejado de acompañarla.