
La tensión familiar que rodea a Anabel Pantoja ha dejado de ser un rumor para convertirse en un conflicto abierto que ya nadie intenta disimular. Tras un año marcado por el ingreso hospitalario de su hija Alma y por una convivencia emocionalmente desgastada, la influencer vuelve al centro del huracán mediático por la mala relación entre su pareja, David Rodríguez, y su madre, Merchi Bernal. Lo que antes se describía como “distancia” ahora se define sin rodeos como “hostilidad”.
Según reveló Luis Pliego en El tiempo justo, el fisioterapeuta habría lanzado un ultimátum a Anabel de cara a las próximas Navidades: no pasará la Nochebuena con su suegra y no permitirá que Merchi entre en su casa mientras él esté presente. Una postura tajante que rompe con la imagen familiar del año pasado, cuando la madre de Anabel viajó a Canarias para acompañar a la pareja en sus primeras fiestas como padres.
El relato de Pliego incluía otro detalle que encendió las alarmas: Anabel habría pasado el fin de semana llorando, sin saber cómo gestionar un conflicto que la coloca en el centro de dos lealtades imposibles. Aislada en su casa de Arguineguín con su hija, la sobrina de Isabel Pantoja ha compartido en redes su estado emocional, aunque sin mencionar directamente la disputa.
Este mediodía, en Vamos a ver, Adriana Dorronsoro aportó la pieza que faltaba: habló recientemente con Anabel y desveló cuál es su postura. La colaboradora ha decidido no pronunciarse públicamente sobre el enfrentamiento entre su madre y su pareja. Su prioridad, según Dorronsoro, es otra: “Está dando gracias a la vida de haber terminado el año felices y sanos. Están centrados en su felicidad y considera que son problemas que pueden pasar en todas las familias”.
Sin embargo, el origen del conflicto no es menor. Las tensiones se remontan al ingreso de la pequeña Alma en enero. Según periodistas como Antonio Rossi y Kike Calleja, parte de la familia de Anabel responsabilizó a David de lo ocurrido con la bebé, lo que abrió una herida que nunca llegó a cerrarse.
Desde entonces, la relación entre yerno y suegra se ha deteriorado hasta volverse, en palabras de Marisa Martín Blázquez, “irreconciliable”.
Mientras los colaboradores debaten y los focos apuntan a cada gesto, Anabel mantiene su estrategia: silencio hacia fuera, contención hacia dentro. Una decisión que, lejos de apagar el incendio, confirma que la batalla familiar está más viva que nunca.