
MADRID — El programa ‘Vamos a ver’ se ha convertido hoy en el escenario de una defensa que ha generado un terremoto mediático. Tras publicarse una investigación conjunta de ‘elDiario.es’ y ‘Univision Noticias’ donde dos extrabajadoras denuncian haber sido víctimas de agresiones sexuales por parte de Julio Iglesias, la colaboradora Makoke ha roto una lanza en favor del cantante, insistiendo en que su comportamiento fue siempre el de un «señor».
Testimonios de terror contra el ídolo La investigación periodística ha revelado testimonios calificados de «terroríficos». Una de las extrabajadoras ha sido contundente al describir la dinámica de poder y abuso a la que supuestamente eran sometidas: «Me sentía empujada a hacerlo sin opción a decir que no». Estas declaraciones dibujan un perfil oscuro y depredador del artista que ha dado la vuelta al mundo.
La versión de Makoke: «Un jefe impoluto» Makoke, que mantuvo un romance de seis meses con el intérprete hace 35 años y trabajó con él en sus giras, se ha mostrado en shock absoluto. «No me lo puedo creer. Conmigo siempre fue un señor y no puedo decir lo contrario», ha declarado tajante. Su testimonio intenta contrarrestar la imagen de agresor, destacando una conducta profesional y personal libre de tachas durante el tiempo que compartieron.
Según el relato de la colaboradora:
- Trato profesional: Asegura que en el equipo de unas diez chicas, el trato fue siempre de máximo respeto y «sin ninguna salida de tono».
- Ambiente familiar: Afirma que el personal de servicio le tenía «muchísimo cariño» y que la relación en su casa era «como de familia».
- Impacto personal: Makoke admite que las acusaciones son «muy duras», aunque trata de no descalificar directamente a las víctimas concediendo que «la gente puede cambiar» tras tres décadas.
Un choque de realidades La polémica está servida. Mientras las víctimas hablan de una coacción insoportable y de agresiones sexuales, Makoke apela a su experiencia como azafata y pareja para mantener intacto el prestigio de Iglesias. Este posicionamiento ha encendido el debate sobre si los testimonios de «caballerosidad» de hace 35 años pueden o deben usarse para matizar acusaciones de gravedad penal tan contundentes como las presentadas hoy.
