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Kiko Rivera liquida el recuerdo de Irene Rosales: el vídeo del beso en Atocha que confirma su huida hacia adelante

Kiko Rivera ha decidido que ya no hay lugar para el luto por su matrimonio. Tan solo cuatro meses después de su sonada ruptura con Irene Rosales, el DJ ha protagonizado un despliegue de pasión pública en la estación de Atocha que ha dejado boquiabiertos a propios y extraños. En unas imágenes captadas en exclusiva por ‘El Tiempo Justo’, el hijo de Isabel Pantoja se funde en una serie de besos y abrazos con Lola García, su nueva pareja, confirmando que la velocidad de este romance es tan vertiginosa como polémica.

Lo que comenzó como una tímida declaración en Instagram se ha convertido en una exhibición de afecto que muchos califican de «sobreactuada». Ajenos a las cámaras, pero en pleno corazón de Madrid, la pareja se besó hasta en cinco ocasiones nada más reencontrarse, dejando claro que Lola ya no es solo una ilusión pasajera, sino una pieza central en la nueva vida de un Kiko que asegura estar «más enamorado que nunca».

De la terapia al «empalagamiento» en redes sociales

El cambio de actitud de Kiko Rivera es radical. Tras cuatro años de terapia y una separación que parecía definitiva, el DJ ha pasado de un perfil reflexivo a un derroche de romanticismo que ha incendiado las redes. Sin embargo, no todo son felicitaciones. Una gran parte de la audiencia y de sus propios seguidores critican la «cursilería» de sus mensajes y ponen en duda la veracidad de una relación que se ha consolidado en tiempo récord, con Lola ya integrada incluso en los planes familiares con los hijos del artista.

Ante las acusaciones de que este romance es una maniobra de distracción o un montaje, Kiko ha estallado: «Algunos me llaman cursi, otros no se lo creen… A mí me da igual lo que digan». Unas palabras que suenan a desafío directo hacia quienes piensan que está quemando etapas demasiado rápido tras el fin de su anterior relación.

El fin de la «vida normal» que tanto reclamaba

Aunque Kiko insiste en que solo busca «una vida normal», lo cierto es que su reencuentro en Atocha ha sido de todo menos discreto. Mientras Lola cargaba la maleta del DJ en el coche, los gestos de complicidad evidenciaban que la pareja está dispuesta a todo por defender su historia. La sombra de Irene Rosales parece haberse esfumado definitivamente de la mente de un Kiko Rivera que, por primera vez en años, parece haber encontrado un refugio que le mantiene alejado de los conflictos familiares, pero en el centro de la diana por su nueva y acelerada faceta de galán.

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