
El escándalo que rodea a Julio Iglesias por las acusaciones de agresiones sexuales vertidas por exempleadas ha sumado un testimonio cargado de rencor y memoria: el de María Edite. La madre de Javier Santos, hijo cuya paternidad el cantante se niega a reconocer legalmente tras décadas de pleitos, ha reaparecido en televisión para posicionarse de forma contundente a favor de las víctimas y airear los «malos recuerdos» que le genera su pasado con el artista.
Un ejercicio de terapia frente al televisor
Durante su intervención en el programa ‘Fiesta’, la bailarina portuguesa confesó que las recientes informaciones publicadas por elDiario.es y Univisión le han provocado una profunda desazón. Aunque aclaró no haber vivido episodios de violencia sexual durante su relación con el cantante, María Edite no dudó en dar credibilidad a las denunciantes bajo una premisa inquietante: «Dentro de una habitación solo hay dos personas; hay mucha gente que habla y no ha estado nunca dentro de esas cuatro paredes».
Con una actitud visiblemente molesta, la portuguesa describió su romance con Iglesias como una etapa de la que preferiría no acordarse, definiéndose a sí misma como una «niña inocente» de la que el cantante se habría aprovechado. Según su relato, lo único positivo de aquel encuentro fue el nacimiento de su hijo Javier, a quien el artista sigue ignorando sistemáticamente.
Desprecio a la justicia y desunión familiar
María Edite no solo cargó contra la figura moral de Julio Iglesias, sino que volvió a denunciar el supuesto favoritismo judicial del que goza el cantante por su fortuna: «La justicia está hecha para los ricos, para los pobres no», sentenció, recordando los muros legales que han impedido que Javier Santos sea reconocido oficialmente.
Mientras tanto, el búnker de los Iglesias-Rijnsburger muestra sus primeras grietas. Aunque Miranda Rijnsburger ha escenificado un apoyo público a su marido con un escueto «siempre a tu lado», destaca el ensordecedor silencio de sus cinco hijos en común. Ninguno de ellos ha reaccionado al comunicado donde el cantante califica las acusaciones de «maldad absoluta», dejando a Julio Iglesias en una situación de aislamiento mediático que solo sus amigos más cercanos y su esposa intentan romper.