
Anabel Pantoja ha roto su silencio en una de las entrevistas más crudas y honestas de su carrera. En el podcast ‘Mamá, no veas esto’, la sobrina de Isabel Pantoja ha puesto sobre la mesa las grietas de su romance con el fisioterapeuta David Rodríguez, admitiendo que la diferencia de edad y las secuelas de un postparto traumático están pasando una factura difícil de ignorar.
La brecha de los 11 años: «Él quiere salir y a mí me cuesta»
Aunque Anabel asegura estar feliz con «el pedazo de tío» que tiene a su lado, no ha ocultado que los once años que los separan —ella tiene 39 y él 28— son un obstáculo real en el día a día. «La diferencia de edad sí importa», ha sentenciado la influencer, explicando que mientras ella ya ha recorrido un camino vital y busca tranquilidad, David todavía tiene una energía y unas ganas de ocio que no siempre encajan con su estilo de vida actual.
La colaboradora de televisión ha dejado una frase lapidaria sobre el futuro de la pareja: «No sé hasta dónde llegaremos». Con un tono que mezcla el cariño con el pesimismo, Anabel incluso ha bromeado con un futuro en el que él termine dejándola en un asilo, pidiéndole solo que la cuide como en la película ‘El diario de Noah’.
El impacto del postparto en su vida íntima y su autoestima
Más allá de los problemas de convivencia, Anabel ha confesado que su autoestima está «de capa caída». Tras el nacimiento de su hija Alma, la influencer ha lidiado con un «postparto grave» y problemas físicos que han afectado directamente a su deseo sexual. «Mi cuerpo no es el mismo y eso pasa factura», ha admitido con sinceridad, revelando que la falta de ganas ha creado una «zona de peligro» en la relación.
A este bache personal se suma la decepción con su entorno; Anabel ha denunciado que, durante el ingreso hospitalario de 18 días de su hija, muchas personas a las que consideraba amigas le dieron la espalda, dejando a su madre, Merchi, y a David como sus únicos pilares. En este escenario de soledad y cambios físicos, la estabilidad familiar de la Pantoja parece estar sostenida por un hilo de honestidad brutal pero incierta.
