
La tragedia ferroviaria de Adamuz, que ya deja un saldo devastador de 39 fallecidos y decenas de heridos críticos, ha tomado un tinte político y de denuncia social tras las incendiarias declaraciones de Gloria Camila Ortega. La hija de José Ortega Cano no ha dudado en utilizar la catástrofe para denunciar públicamente las irregularidades que ella misma afirma haber vivido en la misma línea hace apenas unas semanas.
Críticas a la alta velocidad: ¿Negligencia o fatalidad?
Mientras la Comisión de Accidentes Ferroviarios (CIAF) investiga si el descarrilamiento del Iryo y su posterior choque con el Alvia se debió a un error humano o a un fallo en el cambio de vía, Gloria Camila ha sacado a la luz testimonios que apuntan a un problema sistémico de seguridad. La colaboradora ha compartido mensajes privados del pasado 30 de diciembre en los que ya alertaba del comportamiento «anómalo» de los convoyes en ese trayecto.
«Os juro que había muchas vibraciones, mucha velocidad y estaba con mucho miedo», ha relatado la influencer, quien asegura que en su último viaje el tren alcanzaba los 247 km/h de forma «súper brusca». Según su testimonio, el traqueteo era tal que llegó a despertarla: «El tren va como loco dando un montón de movimientos». Estas declaraciones han encendido el debate sobre si se ignoraron señales de alerta previas que podrían haber evitado la muerte de 39 personas inocentes.
Del terror personal a la búsqueda de culpables
La exconcursante de Supervivientes confiesa sentir «escalofríos» y «terror» al ver las imágenes de los vagones despeñados por el desnivel en Córdoba, sugiriendo que ella misma podría haber sido una de las víctimas. Aunque ha utilizado sus redes para difundir teléfonos de ayuda y coordinar donaciones, su señalamiento directo a la «velocidad loca» de los trenes pone en entredicho las recientes revisiones de seguridad (el Iryo siniestrado había pasado una inspección hace solo cuatro días).
La opinión pública se encuentra dividida entre quienes agradecen que una figura pública denuncie la presunta precariedad del servicio y quienes consideran que sus quejas sobre un viaje pasado resultan oportunistas en un momento de duelo nacional. Lo cierto es que, con 5 personas aún en estado muy grave, la sombra de la negligencia planea sobre la vía Madrid-Andalucía más que nunca.
