
Mientras el pasado de Lola García estalla en España con acusaciones de impagos masivos y comportamientos sectarios, la pareja ha optado por el lujo de Nueva York como refugio. Entre luces de neón y declaraciones de amor eterno, el hijo de Isabel Pantoja blinda a su nueva novia frente a una realidad que incluye una orden de desahucio, una deuda de 32.000 euros y el desprecio de las madres de sus antiguas alumnas.
Nueva York como escudo ante la justicia y el escándalo
Kiko Rivera y Lola García aterrizaron en la «Gran Manzana» el mismo día que Miguel Frigenti destapaba en ‘El Tiempo Justo’ el turbio historial financiero de la bailarina. Según la información publicada, García fue desahuciada en 2021 tras años de impagos por el local de su escuela de danza, una situación que obligó al propietario a intervenir judicialmente ante la negativa de la joven a saldar su deuda.
Lejos de mostrar preocupación, Kiko Rivera ha utilizado sus redes sociales para proclamar que Lola es la «persona correcta», ignorando deliberadamente los testimonios que la tachan de «interesada y ególatra». Esta actitud ha sido interpretada por muchos como una provocación o una táctica de distracción frente a la gravedad de las acusaciones que pesan sobre la gestión profesional de su pareja.
El «lavado de imagen» a través del alumnado
Frente al aluvión de críticas de madres que aseguran que Lola no soportaba que las niñas le hicieran sombra, la bailarina ha respondido desde la distancia publicando el mensaje cariñoso de una de sus actuales alumnas. «Se te echa de menos, te mereces todo», rezaba el texto que García ha usado como contraataque mediático para intentar demostrar que no es la «villana» que describen los afectados por sus deudas y sus presuntos abusos de autoridad.
Sin embargo, el contraste es sangrante: mientras las familias que la ayudaron económicamente durante la pandemia denuncian haber sido traicionadas, ella presume de un viaje de ensueño que pocos podrían costearse con una deuda pendiente de cinco cifras.
¿Un romance real o una alianza de conveniencia?
La intensidad con la que Kiko Rivera defiende este romance, apenas cuatro meses después de su ruptura con Irene Rosales, ha despertado todas las alarmas. Para los críticos del DJ, Lola García es solo el último capítulo de una serie de decisiones precipitadas, con el agravante de que esta vez el escándalo incluye a la policía, juzgados y familias estafadas.
