
MADRID. — Siete meses después de su mediática ruptura, la tregua entre Irene Rosales y Kiko Rivera ha saltado por los aires de forma definitiva. Tras la incendiaria entrevista del DJ en el programa ‘¡De viernes!’, donde calificó a su exmujer de «mantenida», «interesada» e incluso «infiel», la sevillana ha regresado al plató de ‘El tiempo justo’ para defenderse y aclarar las cláusulas de un convenio regulador que califica de «confuso».
El caos de la Semana Santa: Planes anulados y falta de acuerdo
El detonante de este último enfrentamiento ha sido la custodia durante las vacaciones de Pascua. Kiko Rivera estalló públicamente al ver a Irene con su nueva pareja, Guillermo, sin las niñas, acusándola de privarle de su tiempo con ellas. Sin embargo, Irene ha explicado la «letra pequeña» del conflicto:
- Vacaciones en años pares: Según Irene, sus abogados confirman que, al ser 2026 un año par, la primera parte de todas las vacaciones (verano, invierno y Semana Santa) le corresponde a la madre.
- Falta de claridad: La colaboradora admite que el convenio tiene «muchas pinceladas» poco claras. «Para evitar líos, se sobreentiende que si me toca la primera parte del verano, también la de Semana Santa», explicó.
- El cambio de última hora: Irene asegura que Kiko le reclamó a las niñas a pocos días de empezar las vacaciones, lo que la obligó a anular todos sus planes personales. «Yo también tengo derecho al disfrute», sentenció, confirmando que finalmente pasó la semana con sus hijas tras no llegar a un acuerdo con el DJ.
«No volveré a depender emocionalmente de él»
Irene confesó haber visto la entrevista de Kiko en directo y no ocultó su dolor ante los adjetivos despectivos que este le dedicó. Ante la reflexión de Joaquín Prat sobre su nueva independencia económica, Rosales fue más allá con un dardo directo al corazón de su exmatrimonio:
«Me quedo con que no voy a tener que depender emocionalmente de una persona nunca más».
A pesar de la gravedad de las acusaciones de Kiko —quien insinúa que Irene comenzó su relación con su actual pareja antes de separarse—, la sevillana ha intentado mantener la compostura: «Cualquiera que vea esa entrevista pensaría que soy la peor persona del mundo, pero el tiempo pone a todo el mundo en su sitio».
Un matrimonio de 11 años reducido a «rabia»
Irene Rosales concluyó asegurando que, aunque Kiko ahora hable desde el enfado y la «rabia con el mundo», ella prefiere quedarse con lo bueno de sus once años juntos. No obstante, dejó claro que su etapa de «aguantar» ha terminado: «Me sentía imbécil por haber aguantado tanto tiempo», repitió, reafirmando que su prioridad absoluta es la estabilidad de sus hijas por encima de las guerras televisivas.