
La vida de Alejandra Rubio ha experimentado una transformación absoluta en los últimos meses. Tras tomar la drástica decisión de abandonar la televisión porque, según sus propias palabras, «no era feliz y se me notaba», la hija de Terelu Campos ha debutado como escritora con su novela ‘Si decido arriesgarme’. Este logro profesional coincide con un momento personal de máxima intensidad: la joven se encuentra embarazada de su segunda hija junto a Carlo Costanzia, con quien ya fue madre del pequeño Carlo en diciembre de 2024.
Su retirada de los platós no fue una casualidad, sino una medida drástica de protección ante una presión mediática asfixiante que la llevó a una encrucijada definitiva: «Era elegir la televisión o mi vida, y elegí mi vida», ha confesado con total rotundidad.
El doloroso testimonio de una realidad oculta
Aprovechando la estabilidad de su nueva etapa lejos del ruido mediático, Alejandra ha decidido abrirse en canal con la revista ¡HOLA! sobre el durísimo periodo que vivió tras el nacimiento de su primer hijo. Aunque no llegó a recibir un diagnóstico médico formal, la joven describe un cuadro desgarrador compatible con la depresión postparto.
«Las primeras dos semanas me las tiré llorando todo el rato, todo el rato», se ha sincerado, rememorando el miedo paralizante que la invadió al pensar: «¿Cómo va a ser mi vida ahora?». La dependencia emocional y la angustia se intensificaron tanto en aquellos días que la escritora no ha dudado en desvelar lo que le transmitía a su pareja en plena crisis: «A Carlo le decía que, si se iba, me moría».
Superación, éxito y ausencias familiares
A pesar de que reconoce que el proceso «ha costado mucho, mucho» debido a toda la «tralla» y los crueles comentarios que soportó durante su primer embarazo, Alejandra ha lanzado un mensaje de esperanza al asegurar que, gracias al tiempo y al apoyo profesional, finalmente ha «remontado».
La presentación de su libro en la Gran Vía de Madrid ha sido el reflejo de esta nueva vida, un evento donde estuvo arropada por su pareja y su primo, José María Almoguera. Sin embargo, el acto no estuvo exento de polémica debido a las sonadas ausencias de su madre, Terelu Campos, y de su suegra, Mar Flores; unos vacíos familiares que, si bien generaron revuelo, no consiguieron empañar la felicidad de una Alejandra decidida a centrarse únicamente en su bienestar y en su familia.