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La tajante acusación de Rocío Carrasco tras descubrir el trabajo de Gloria y José Antonio en Yerbabuena: «Eran unos ineptos»

MADRID — La contienda familiar en el seno del clan Mohedano vuelve a alcanzar cotas de máxima tensión tras las últimas y explosivas declaraciones de Rocío Carrasco. La hija de «La más grande» ha roto el silencio para cargar con una dureza sin precedentes contra su tía Gloria Mohedano y el marido de esta, José Antonio Rodríguez, revelando el verdadero motivo que, según su testimonio, motivó el posicionamiento incondicional de la pareja del lado de José Ortega Cano tras el fallecimiento de la artista.

Lejos de morderse la lengua, Carrasco ha calificado el comportamiento de sus familiares de forma devastadora, asegurando que el distanciamiento y las alianzas posteriores no respondían a un afecto genuino, sino a una pura necesidad económica.

«Se les fue el núcleo que les daba de comer»

El detonante de sus palabras se produjo al descubrir las labores que realizaban Gloria y su marido en la mítica propiedad del diestro en Sevilla. Un hallazgo que, para Rocío Carrasco, encajó todas las piezas del puzle familiar de inmediato:

«Me había enterado de que Gloria y José Antonio trabajaban en la finca Yerbabuena, haciendo bodas y eventos. Allí entendí ese posicionamiento al lado de Ortega: era el que les estaba dando trabajo. Una vez muerta Rocío Jurado ya no podían chupar de su hermana y tuvieron que chupar de Ortega y a hacer con él lo que hicieron con ella».

La primogénita de la cantante no ha dudado en tildar a todos los miembros del clan de actuar bajo un mismo patrón de comportamiento, cuestionando abiertamente su capacidad para valerse por sí mismos en el terreno profesional: «Se les había ido el núcleo que les daba de comer de una manera o de otra. ¿Te imaginas a semejantes ineptos en la vida sin Rocío Jurado? No podrían desarrollar ninguna función en ningún aspecto».

El reparto de la herencia y el aviso sobre la «jauría»

Otro de los puntos más impactantes de su intervención se centra en las decisiones que tomó Rocío Jurado en su testamento, designando a Ana Iglesias como albacea para proteger a su hija biológica. Carrasco analiza la postura de su madre con la distancia del tiempo, marcando una clara diferencia de carácter entre ambas.

«Yo no soy como mi madre. Mi madre sabía que si no dejaba a la jauría bien servida me iban a comer, pero no lo pudo evitar», confiesa sin rodeos sobre el reparto de los bienes y la tensión que se desencadenó tras la apertura de las últimas voluntades. Unas declaraciones tajantes que reabren de par en par la brecha familiar y prometen desencadenar una oleada de reacciones en la crónica social.

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